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jueves, 17 de febrero de 2011

Hay mucho por hacer...


REPORTAJE: Vida&Artes

El silencio: otra cárcel del maltrato

Un 12% de los procesos judiciales por violencia machista no sigue adelante porque la mujer decide no declarar - El Poder Judicial propone cambiar la ley que permite esa posibilidad - ¿Hay que obligar a la víctima o usar otros mecanismos?

MARÍA R. SAHUQUILLO 05/02/2011


Más de un 12% de los procedimientos judiciales abiertos por violencia de género no pueden seguir su curso porque la víctima decide no declarar contra su agresor. Para ello, la mujer se acoge al artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, el conocido como la dispensa, que exonera a "los parientes del procesado en línea directa ascendente y descendente [padres e hijos], su cónyuge o persona unida por relación de hecho análoga a la matrimonial (...)" de prestar declaración contra él. El precepto, que data del siglo XIX, fue ideado para que personas tan cercanas al acusado no se vieran en la tesitura de tener que declarar algo que pudiera incriminarle. El artículo, pensado para casos de estafa, robo o asesinato, se aplica ahora también a las propias testigos-víctimas de violencia machista que, en la mayoría de los casos, son quienes han iniciado el procedimiento judicial del que después se retiran.

La dispensa se ha convertido para algunos expertos, en los casos de violencia de género, en un mecanismo perverso. Esas voces, entre las que se encuentran jueces, fiscales y asociaciones de mujeres, sostienen que puede ser utilizada por la parte contraria para presionar a la mujer -muchas veces ya psicológicamente muy dañada- para que no declare en el juicio. La advertencia no es baladí ya que en gran parte de los casos de violencia machista las únicas pruebas que hay para sustentar el procedimiento son los testimonios de la víctima y del supuesto agresor. Sin el primero, es probable que el caso no pueda seguir su curso. Consciente de esa realidad, el Consejo General del Poder Judicial plantea ahora eliminar esa dispensa en los casos de violencia machista.

Medidas para que las y los menores no sean "invisibles" en la violencia de género


Miércoles, 16 de febrero del 2011 / NACIONAL
«Save the Children» alerta de la falta de recursos destinados a la atención de los niños y la desigualdad entre autonomías. Como «ejemplo de buenas prácticas» ensalza a Madrid y País Vasco
Se dispara la concienciación sobre el problema de los hijos que padecen un contexto de violencia de género, pero no crecen en paralelo los recursos económicos y humanos que se destinan a ponerle coto. «Save the Children» alertó recientemente de las «víctimas olvidadas» de ese conflicto machista, que son los más pequeños, y hoy ha vuelto a encender la mecha: si el año pasado murieron cuatro pequeños víctimas de la violencia doméstica, 40 quedaron huérfanos y 50 sin madre, en 2011, la proporción crece escandalosamente. De las 10 mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas, han muerto dos hijos, uno de ellos menor de edad. Según la ONG, que presentó ayer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el informe «Atención a los hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género», elaborado cuando se cumplen cinco años de la aprobación de la Ley Integral contra esta lacra, el Gobierno no se está encargando de esos huérfanos, que quedan «desatendidos».

En el estudio también se han pulsado las opiniones de madres y niños que han vivido la violencia en su hogar, además de que se ha consultado a más de 70 profesionales en su abordaje terapéutico y psicológico, y de él se extrae la conclusión de que las mujeres maltratadas y sus pequeños reciben un «tratamiento desigual», dependiendo de la autonomía donde residan. Así, Yolanda Román, responsable de Incidencia Política de «Save the Children», ha puesto como ejemplo de «buenas prácticas» a dos Comunidades Autónomas: Madrid y el País Vasco.

El sector que más ayuda, el policial

Las respuestas recabadas en este trabajo infieren que el sector donde una maltratada y su hijo encuentran «más ayuda» es el policial, que además la ONG valora por haber creado una unidad especializada en este problema; mientras que en el extremo contrario, el judicial es el que más críticas despierta porque las agredidas no se sienten respaldadas por la decisión que tomó un juez o por cómo se llevó su procedimiento en la Corte.
El informe de la organización no gubernamental subraya la contradicción de que, cuando una mujer entra en el circuito de ayuda previsto para ella por la ley y los recursos de las autonomías, su hijo queda en segundo plano. De hecho, entre los testimonios recapitulados en un vídeo proyectado por la ONG se encuentra el de una madre de una víctima de violencia de género (cuyo anonimato se preserva) que afirma que «el niño no existe para el sistema como víctima de violencia de género». Otra madre, que se encuentra actualmente en un centro de acogida para maltratadas, pide más. Al menos, «las mismas medidas que para la fémina: medidas cautelares, ayuda psicológica... y que sean sensibles a las necesidades de los niños».

Esa atención al niño debería ser temprana, ha señalado Román hoy, y «debería durar entre uno y medio o dos años, con frecuencia semanal», reclama una de las especialistas consultadas en el estudio. «El trabajo con niños expuestos a violencia de género implica la coordinación de, al menos, servicios sociales, judiciales, policiales, sanitarios y educativos, pero esto no siempre sucede», ha abundado Román. No en vano, de esa atención y cuidado específico del niño depende su recuperación y que no repita los patrones vistos entre cuatro paredes en un futuro.

La conclusión del estudio es que «la descoordinación hoy por hoy es preocupante». Los casos de niños son «invisibles», tardan en salir a la luz y cuando lo hacen no hay recursos. La ONG agrega que «ni las políticas públicas ni las medidas puestas en marcha desde las diferentes administraciones y poderes están ofreciendo una respuesta adecuada que garantice el cumplimiento de los derechos de los niños» sometidos a golpes y violencia continuada.

Quien habla para «Save the Children» es otra de esas progenitoras que padecieron en carne viva el tortazo machista: «Él era muy pequeño, me separé cuando tenía un año y en ese momento el niño experimentó un retroceso brutal: empezaba a tener miedo, le dolía la tripa, no jugaba, se quedaba tumbado en el sofá con el chupete, no quería que llegase el fin de semana, no comía, solo yogures. No se relacionaba con nadie, en el colegio no dejaba que le tocasen, si había un ruido se ponía a llorar», se duele.

El panorama retratado hoy por Miguel Lorente, delegado del Gobierno para la Violencia de Género, no pinta halagüeño, con las cifras más recientes de mujeres y niños víctimas de estas agresiones en la mano. Lorente ha precisado que en 2010 el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad destinó una partida de un millón y medio de euros específica para los menores. Ha reconocido que «hay que seguir avanzando». Román apuntilla: «Los niños son considerados objetos de protección, pero no siempre se tiene en cuenta su interés superior, no se le considera como víctima». Y lo son, las víctimas más vulnerables.